jueves, 18 de enero de 2018

Tarta de café y caramelo

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde ­
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos ­
envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra. 



          Jaime Gil de Biedma




Aunque este poema de Gil de Biedma tenga ciertos tintes dramáticos y oscuros yo me quedo con la parte positiva y hago mía la lección de que la vida va en serio desde nuestro primer día. Y hago mías también las palabras de aquella hermosa canción de Serrat y suscribo que aprovecharla o que pase de largo depende en parte de mí.

Porque amigos y visitantes de mi cocina virtual y seguidores de mis historias y tropelías el calendario de mi vida completa hoy una vuelta más y mañana día 19 pone a cero el contador de los 36 años.

La semana pasada os dejaba caer que la de hoy era una entrada especial y quizá fue un poquito pretencioso de mi parte. En realidad quería compartir esta entrada con todos los que pasais cada semana por mi cocina, con los que estáis aquí desde el principio, con los que cada semana llenáis mi cocina de comentarios y anécdotas y también con los que llegáis sin hacer ruido fieles a nuestra cita semanal pero os quedáis en la fila de atrás para que nadie os vea.

Si hace dos semanas hablaba de los buenos propósitos de año nuevo ¿de qué hablo cuando sumas un dígito más a tu vida? A mí al menos no me da tiempo a plantearme nada nuevo porque no han pasado ni tres semanas desde nochevieja. Y no es que yo a estas alturas me haga demasiados propósitos de año nuevo y mucho menos de los que sabemos que antes de febrero ya se nos ha olvidado.

Hace ya un tiempo que me planteé vivir el ahora sin esperar al mañana para ser feliz, que aprendí que la felicidad no está en alcanzar metas sino en el camino que recorres para lograrlas y que son las pequeñas cosas las que te brindan los momentos que recordarás al final de la vida.

Ahora me calzo los tacones cada vez que me apetece sin esperar a que llegue el fin de semana y me pinto de rojo los labios cada mañana para plantarle cara al mundo con una sonrisa. Desterré de mi vocabulario el término "ropa para salir" ¿salir a dónde? si yo cada día salgo a la calle ¿qué sentido tiene reservar montañas de ropa, bolsos o zapatos para ocasiones contadas? Me la pongo, la disfruto ¡y mañana ya veremos!

Que la vida era esto y al final del camino no vale decir "si lo hubiera sabido yo..."

Y para quitarle dramatismo a la situación y en uno de mis giros habituales os confesaré que al buscar el poema de Gil de Biedma para comenzar la entrada casi me da un ataque cuando veo que cierto presentador (que no sé muy bien como definirlo porque profesionalmente no me merece ningún tipo de respeto aunque entiendo que haya a quien le guste y por eso su cadena le ofrece varios programas al año) ha escrito un libro que lleva por título el primer verso ¡a lo que hemos llegado! Y seguro que será un bestseller porque haya quien lo compre aunque no sé muy bien para qué.

Sacada esta espinita, que si no lo digo reviento, y teniendo en cuenta que es una entrada pre cumpleaños iremos sacando la tarta ya que no puede haber sarao que se precie sin que haya un pastel de por medio al que nadie renuncia nunca por muy lleno que esté.

Y yo os aseguro que esta tarta...¡está para ponerle no un piso sino dos!


Está feo que yo lo diga pero es tan cierto...

Sé que todos tenemos nuestras preferencias en cuanto a dulce se refiere y que por la red circulan tartas que dejan al más pintado con la boca abierta. Hay auténticas maestras en las lides de hacer tartas con formas de cualquier cosa y otras en decorar tartas con muchas capas, mucha crema y un millón de cosas por encima. Y si nos metemos en el tema de hacer flores y figuras varias tendríamos tema para rato.

Sin embargo a mí esas tartas no me gustan. Y no es que no sepa hacerlas que ni sé ni me lo he planteado, es que me pones un pedazo delante y probablemente no me lo coma porque odio los excesos y por lo general estos pasteles están cargados de azúcares y mantequilla, se me hacen pesados e indigestos y al tercer bocado estoy arrepentida de haber comido tanto porque me empiezo a sentir mal.


Muchas veces he comentado con algunas de vosotras el tema de las modas, que como en todos los ámbitos de la vida en la cocina y en la repostería también las hay. No hace tanto todo el mundo hacía cupcakes y desde hace un tiempo han perdido fuelle ¿y qué me decís de los cakes pop que inundaron la red durante meses? Entiendo que hay que renovarse, abrir nuestras mentes y nuestras cocinas a elaboraciones nuevas (y si necesitan de aparatitos específicos mejor que mejor para vendedores y fabricantes, que no se nos olvide que esto no deja de ser un negocio) pero cuando pasa un tiempo la novedad pasa y caen en el olvido.


Y miras a tu alrededor y encuentras recetas que ya comías de pequeña y que sigues haciendo en casa y no te cansas. Y un día ves a tus hijos o a tus sobrinos que disfrutan con ellas, y te las piden de nuevo a la semana siguiente y te sorprendes sonriendo mientras preparas ese bizcocho que hace no tanto le pedías tú a tu madre o abuela. Y la vida es esto. A veces un cúmulo de modas, a veces un cúmulo de cosas demodé pero que nos gustan y nos seguirán gustando por muchos años que pasen.

Con esta perorata llegamos a la tarta que hoy quiero compartir con vosotros. Es una tarta sencilla tanto de aspecto como de elaboración. La lista de ingredientes no tiene nada del otro jueves, sólo productos que hay en (casi) todas las cocinas (incluso las no atiborradas de cositas como la mía) y prepararla no requiere de ningún conocimiento técnico ni de mucha experiencia en la cocina ¡ni de mucho tiempo tampoco! Es poco más que mezclar, verter y esperar a que cuaje. Y sin embargo el resultado te dejará con la boca abierta.


Eso sí, te tiene que gustar el café o al menos el sabor a café. Si no es así, y con todo el dolor de mi corazón, esta tarta no es para ti. Porque como es de esperar, si la tarta es de café ¡no va a saber a fresa!

No es que el sabor sea como tomarte un café solo, pero evidentemente a café sabe, y predomina aunque está matizado por el caramelo y un poquito de cacao en la superficie (que le dan un toque para quitar el sentío)

La textura es una maravilla, firme pero cremosa ¡y se deshace en la boca! No las tenía yo todas conmigo cuando iba pensando los ingredientes de la tarta e iba calculando la cantidad de sobres de cuajada o gelatina que le iba a poner. Porque evidentemente no quería que se me desmoronara pero tampoco pasarme y que quedara con textura de goma.


Cuando la hice y la tenía ya en el molde empezaron, como siempre, las dudas a atenazarme y venga darle vueltas a que tenía que haberle puesto un poco más, y el miedo a que no cuajara venga rondarme... Porque además cogí y me la jugué bien porque esta tarta la preparé ¡para la cena de Nochebuena!

No sé si os conté que la cena de Nochebuena se hizo este año en mi casa. Era la mejor opción dado que mi madre tenía la escayola recién quitada y a Lara la pilló con gripe aunque eso evidentemente no lo sabíamos cuando tomé la decisión de embarcarme en preparar la cena en casa.

Por un lado estaba tranquila porque estábamos en familia y si la tarta no salía bien tirábamos de turrones y polvorones y asunto olvidado, pero por otro quería que saliera bien porque le había puesto muchas ganas y además quería compartirla con vosotros.

Mi alegría fue mayúscula cuando vi que había cuajado y que desmoldaba con facilidad ¡primer inconveniente superado! pero cuando la partí y vi que era tan cremosa y me llevé la primera cucharada a la boca ¡no se me saltaron las lágrimas del gusto por vergüenza!

No os puedo decir si me gustó más el sabor o la textura, o todo, o ambos o... ¡no sé qué fue! Pero os confieso que sin pudor alguno hubiera cogido toda la tarta que sobró y me la hubiera comido allí sentada a cuchara limpia.

Los remordimientos posteriores habrían sido chicos, pero ¡que me quiten lo comido!

Evidentemente me comí mi trozo (que a esas alturas de la noche era pequeño) pero después fuimos mi marido y yo los que dimos buena cuenta del resto en días sucesivos como pasa en todas las casas con lo que se prepara para Nochebuena ¿o no?


Os prometo que en cuanto la probé supe que tenía que publicarla cuanto antes en el blog y se me ocurrió que era la tarta ideal para celebrar mi cumpleaños con vosotros. ¡Y aquí la tenéis!

Lo mejor además del sabor, la textura y lo poco que se tarda en prepararla es que la hice con cosas que llevaban un tiempo en casa y a las que quería dar salida cuanto antes. Ya sabeis de mi propósito de vaciar armarios que comparto con mi queridísima Olga y casi nos da vergüenza reconocer que llevamos un año y aquí seguimos cargadas de víveres pero orgullosas de ir sacando cosas cada semana (o al menos intentándolo)

Reconozco que yo tengo delito porque a veces vamos a algún sitio y me cargo con ingredientes que he visto por la red (sí, ahora os voy a echar la culpa a vosotras) y no encuentro donde vivo, pero el que comparte camino conmigo no tiene menos delito. Por lo general es él el que hace la compra desde que nació Lara y a veces se presenta en casa con cosas que están de oferta o que le ha llamado la atención y resulta que no son lo que esperaba y ahí que las deja ¡y mira que tiene buen pico!


Y es que LIDL está lleno de marranadas que nos gustan a todos y así nos luce el pelo. Hay un par de ingredientes que igual no tenéis en casa. El yogur de café es de LIDL y lo venden a menudo pero no lo tienen cuando no está de oferta(al menos en el supermercado en el que compro). Hay otros yogures de café que os pueden valer perfectamente y si no usáis yogur natural cremoso (griego por ejemplo) y añadís unas cucharadas más de café soluble.

La botella de latte machiato light (de LIDL, por supuesto) no hace falta que la compréis. Yo estaba hasta el cogote de verla en el frigorífico y mi marido no se decidía nunca a tomársela ni a llevársela al trabajo así que me vino que ni pintada para la tarta. Para no gastar podéis sustituirla por leche y café o bien por leche y más café soluble hasta dejar el relleno con el toque de café que más os guste a vosotros.

Lo bueno de usar café soluble es que podéis irlo añadiendo poco a  poco, integrarlo e ir probando y añadir más si os apetece.

Para que la tarta cuaje he usado dos sobres de cuajada y dos de preparado para flan. Estos últimos de la marca de LIDL (Belbake) que llevaban desde no me acuerdo cuando en casa y a saber para qué receta los compré. Si no tenéis utilizáis cuatro sobres de cuajada y tan ricamente que os va a salir igual o bien cuatro sobres de preparado para pudin o flan siempre que sean para 500 ml cada uno.

Mirad si soy buena que he buscado alternativas para todo para que podáis disfrutar de esta tarta en casa porque os aseguro que merece bastante la pena aunque las fotos no son capaces de transmitir todo lo rica que está.

¡Ay qué odisea con las fotos! Día de Nochebuena. Mi niña con gripe, mi marido fuera y yo con la niña y cocinando para la cena desde por la mañana. Mi madre con la escayola recién quitada vino un rato para entretener a la niña y no me pongo a montar para hacer las fotos ¡justo cuando se nubla! Y la peque que nunca me ha visto en estos saraos (porque intento aprovechar cuando se duerme la siesta) no había quien me la quitara de encima.

Mi madre la pobre también un poco alucinada "con todo lo que se pone por medio para unas fotos" (palabras textuales)


Hice lo que pude y al día siguiente monté para la foto del corte porque evidentemente no la iba a presentar ya cortada por la noche pero tampoco pillé la mejor luz del mundo.


De todas formas yo creo que nunca quedaría contenta con nada porque no daría con la foto que transmitiera todo lo que esconde esta tarta con este aspecto tan sencillo.

Como siempre, y hoy con más motivo que nunca ya que me rodeo de todos vosotros para festejar un cumpleaños más, os tengo reservado un trozo, así que poneos cómodos, pedid algo de beber ¡y echemos un ratito de charla de los que tanto me gustan!


Ingredientes:

* 1 rulo de galletas María
* 100 gramos mantequilla
* 500 gramos de yogur cremoso de café
* 370 gramos de leche condensada (una lata pequeña o media de las grandes)
* 200 gramos de queso cremoso para untar (mejor que no sea light)
* 350 ml de latte machiato light
* 4 cucharadas soperas de café soluble
* 80 gramos caramelo líquido.
* 2 sobres de preparado para cuajada (para 500 ml cada sobre)
* 2 sobres de preparado para flan (para 500 ml cada sobre)
* Una cucharada de cacao sin azúcar añadido
* Bolitas de cereales y chocolate de colores. 

Elaboración:

1. Comenzamos preparando la base. Para ello ponemos las galletas en la picadora y las reducimos a polvo de galletas. Derretimos la mantequilla en el microondas, la vertemos sobre las galletas pulverizadas y mezclamos bien.

Vertemos la masa en la base del molde (desmoldable, fundamental en esta receta) y la repartimos y compactamos bien. Reservamos

2. Ponemos el café latte machiato en una jarra o un bol y vamos echando los sobres para cuajada y para flan. Removemos cada vez que añadamos un sobre hasta integrar por completo. Reservamos. Si no tenéis una de estas botellitas en casa usad leche o leche con un chorrito de café, o café solo si queréis un sabor mucho más potente a café aunque os aseguro que está muy presente en esta tarta.

3. Para preparar el relleno ponemos en una cazuela el queso a temperatura ambiente y batimos con unas varillas para dejarlo cremoso. Añadimos la leche condensada y el yogur y mezclamos bien.

4. Incorporamos el caramelo líquido y el café soluble y volvemos a mezclar para integrar.

5. Ponemos a un fuego medio (yo cinco en mi placa de inducción que llega hasta 9) y vamos removiendo para evitar que el caramelo se queme. 

6. Cuando esté a punto de romper a hervir añadimos el café en el que hemos disuelto los sobres de cuajada y flan. Vamos removiendo mientras lo añadimos y seguimos removiendo hasta que rompa a hervir.

7. Retiramos de inmediato del fuego, vertemos en el molde, alisamos la superficie si fuera necesario y dejamos enfriar. Una vez frío tapamos con film transparente y guardamos en la nevera para que termine de cuajar. Mejor si lo podemos dejar toda la noche.

8. Antes de servir desmoldamos, espolvoreamos con una cucharada de cacao en polvo y decoramos con unas bolitas de tres chocolates o con lo que tengáis en casa como escamas o fideos de chocolate.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/tarta-de-cafe-y-caramelo

La tarta es muy cremosa y a medida que está fuera del frigorífico se va poniendo más blanda. Tenedlo en cuenta para no llevaros sorpresas desagradables a la hora de servirla.


El sabor a café lo podéis incrementar o disminuir a vuestro gusto a al hora de preparar el relleno. Para mí está perfecto con estas cantidades, pero para gustos ¡los sabores!

La pequeña Lara está incubando algo. Llevábamos desde diciembre sin coger nada y el lunes ya amaneció con tos y mocos... ¡la vuelta a la guardería de los niños que no fueron en navidad no le ha sentado nada bien!

Ahora hay que cruzar los dedos para que no nos lo pegue a los demás y para que el sábado que es el día que celebraremos mi cumpleaños en familia esté bien y con ganas de soplar las velas que no he visto niña más feliz que esta cuando se canta el cumpleaños feliz. De hecho muchos días que ha estado regular hemos encendido una vela en casa y le hemos cantado hasta que nos hemos aburrido porque ella no se cansa. A veces me sorprendo de lo feliz que puede llegar a ser con tan poca cosa.

Gracias a todos por seguir conmigo un año más y la semana próxima os cuento qué tal la merienda de estos nuevos 36 ¡Feliz fin de semana!

 Manos a la masa y ¡bon appétit!


jueves, 11 de enero de 2018

Muffins de turrón de Jijona

La Navidad llegó y pasó rauda y veloz. No hace ni una semana que Sus Majestades de Oriente pasaron (con mayor o menor fortuna) por nuestros hogares y parece que haya transcurrido muchísimo tiempo y casi, casi te miran con malos ojos si sacas el tema de la navidad aún.

Sin duda alguna somos una sociedad abocada al olvido y a vivir el día a día y cuando algo ha pasado pasado está y no le damos más vueltas. Y no digo que esté mal vivir el presente pero tengo la sensación de que a veces también tendríamos que mirar un poquito más al pasado y aprender de él.

Lo que tengo clarísimo es que en cualquier hogar español que se precie abres un armario o un cajón y te encuentras dulces de navidad dentro. Ya sean turrones, polvorones, mantecados, bombones y hasta si me apuráis algún trozo de roscón quedará por ahí dando vueltas (espero sinceramente que los panettones hayan desaparecido ya o estarán como armas arrojadizas)

Me niego a creer que soy la única que compra sin mesura o más bien con la intención (casi) oculta de que sobre para después hacer recetas. Mi amiga Olga que comparte conmigo desde 2017 el reto de vaciar armarios estoy segura de que sabrá perdonarme esta pequeña debilidad e incluso se sienta identificada con lo que cuento porque queridos míos el atesoramiento de productos es una forma de vida y una actitud que no se cambia de la noche a la mañana.

Es más, yo creo que me está costando más sacar todo lo que tengo sin ir comprando por el camino que lo que me costó dejar de fumar.

Pero la pasada Navidad me he portado más que bien y he comprado mucho menos de lo que es habitual en mí. También tiene que ver que solamente he ido una vez al supermercado (el resto le ha tocado a mi costillo) y así no puedo ver las ofertas de los "restos navideños" y echarlos en mi carrito por pena.

En el primer intento del año de reciclar esos productos navideños que pueblan uno de los armarios de mi cocina os traigo estos muffins de turrón de Jijona ¡que están para ponerles un piso! Sí,sí, 2018 va a estar lleno de postres de esos a los que hay que ponerles un piso y yo solita voy a terminar con la crisis inmobiliaria.

Además saco por fin de borradores esta receta que lleva dos navidades esperando su turno ¡que estaba embarazada de Lara cuando los hice! Y mira que están buenos pero por una u otra cosa los pobres se han ido quedando sin publicar. También quiero hacer limpieza de recetas y sacar a la luz aquellas que aunque no tengan las mejores fotos del mundo están muy buenas y merecen ser compartidas.

Igual alguno ha notado mi debilidad por los muffins aunque os aseguro que yo he intentado disimularla con todas mis fuerzas ¿eh? De hecho después de que mi amiga Concha fundara el Club de la Tortilla Perfecta y mi amiga Marina abriera el Club del Brownie Perfecto y más tarde el Club del Bizcocho Perfecto me estoy planteando seriamente hacer honor a mi puesto como miembro honorífico del Club Culo Veo Culo Quiero y crear el Club del Muffin Perfecto para atesorar recetas de estos pastelitos ¡todo se andará! A ver si soy capaz de reorganizar mi tiempo y me pongo a ello que la vida no me da para más.

¿Qué os digo de estos muffins si sólo con verlos ya te entran ganas de comerte uno? Vale, ligeros, ligeros no son, pero si nos tomamos uno por la mañana tenemos energía hasta la hora de comer y con las carreras que nos damos a lo largo de la jornada yo creo que quemamos más que de sobra el aporte calórico que suponen.

Ni os imagináis lo bien que huelen mientras se hornean y lo tiernos y jugosos que se quedan...Mmmm es que merece la pena prepararlos porque además los tenemos a punto para hornear en cuestión de minutos ¡y lo que se agradece tenerlos listos para el desayuno o la merienda!

Soy consciente de que la mitad del país está a dieta post navideña y la otra mitad no lo está porque no se ha atrevido aún a subirse en la báscula (entre los que me incluyo porque me venía comportando muy bien hasta que caí en garras de la gripe y empecé a comer lo que me apetecía con la excusa de que estaba malita y había que reponer fuerzas...) y quiere portarse muy bien para no llevarse el susto de su vida cuando lo haga.

Pero ¿qué tiene más peligro? ¿un muffin o una tableta de turrón llamándote desde el armario y acabando con ella a pellizco limpio? Igual es una pregunta retórica porque todo tiene peligro y más cuando se supone que estás a dieta, porque no sé a vosotros pero a mí cuando decido comer más sano es cuando más cosas prohibitivas se me antojan ¡incluso aquellas que no como nunca!

Y si no os ha sobrado ninguna tableta de turrón es el momento de guardar la receta en pendientes hasta la próxima navidad. Que sí, que le falta mucho, pero en esta vida ¡todo llega! y antes de que queramos darnos cuenta ¡ya estamos de nuevo con la cantinela de los villancicos de fondo!

Como sé que sois de caer en la tentación no os intento convencer más y os dejo con esta sencilla y deliciosa receta ¡coged un muffin para entrar en calor cuando paséis por mi cocina!


Ingredientes:

* Una tableta de turrón de Jijona (la mía tenía 300 gramos pero valdrá lo mismo una de 200 o de 250 o el resto que tengáis en casa)
* 200 ml de nata para montar
* 200 gramos de harina
* 100 gramos de azúcar moreno
* 60 gramos de mantequilla
* 2 huevos
* 1 sobre de levadura química

Elaboración:

1. En un bol ponemos los huevos, la mantequilla, el azúcar y la nata y batimos hasta obtener una masa homogénea.

2. Desmenuzamos el turrón de Jijona e incorporamos al bol. Mezclamos hasta que esté integrado. No pasa nada si queda algún trozo más grande. Es agradable encontrarlo en los muffins, aunque este turrón es tan frágil y pringoso que se deshace con mucha facilidad.

3. Por último añadimos la harina y la levadura e integramos sin sobrebatir la masa. Si quedara muy líquida añadiríamos más harina y si queda muy espesa un poquito de leche. Todo dependerá de la cantidad de turrón que le pongamos y de la grasa que suelte.

4. Ponemos nuestras cápsulas en la bandeja para muffins y con ayuda de una cuchara para helados las llenamos.

5. Introducimos en el horno precalentado a 200º C y horneamos durante 10-12 minutos. A continuación bajamos la temperatura y horneamos aproximadamente 15-20 minutos más hasta que los muffins estén hechos. 

6. Dejamos templar con la puerta del horno entreabierta de cinco a diez minutos y a continuación sacamos de la bandeja y dejamos enfriar sobre una rejilla.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/muffins-de-turron-de-jijona

Con estas cantidades obtendréis una docena de muffins que se conservarán perfectamente en una lata ¡bien cerrados! Ojo con los ratoncillos que van abriendo latas a hurtadillas y las dejan a medio tapar para salir corriendo de la escena del crimen...


También se pueden congelar dentro de una bolsa con cierre hermético o bien cerrada e irlos sacando a medida que los vayamos a consumir. Espero que os animéis con ellos porque están verdaderamente deliciosos.

La receta de hoy va dedicada a mi padre porque es su cumpleaños. Él no se prodiga para nada por mi blog porque el tema de internet le ha pillado algo mayor pero os aseguro que dio en su día buena cuenta de alguno de estos muffins y aunque es muy parco en palabras (todo lo contrario a su amantísima hija que en el resto es un calco a él) sé que le gustaron porque arrasó con los que le dejé en pocas mañanas ¡y eso que mi padre no es muy de dulce! 

Los que me seguís por redes sociales habréis visto que los Reyes nos dejaron una copiosa nevada el pasado sábado. Yo no soy para nada de nieve así que ni Lara ni yo salimos de casa en todo el fin de semana aunque a ella le llamaba la atención si la asomábamos (fundamentalmente su padre) al balcón (que está cerrado con una cristalera, que nadie se lleve las manos a la cabeza) y quería irse a los columpios del parte que hay delante de casa ¡¿qué sabrá ella?!

Este año se enteró un poco más del tema de la Cabalgata y algún caramelo cayó en su carro y ella sigilosa se lo guardó ¡no sabe nada! Es muy graciosa porque le preguntas qué hacían con los caramelos en la Cabalgata y hace el gesto de lanzar (pero con mucha saña y muchas ganas, conste) caramelos al suelo, y con su media lengua de trapo, que algunas palabras ya sí va diciendo, te explica que cogían muchos caramelos el abuelo y la abuela (mentira que la abuela con la escayola recién quitada ni se agachó la mujer por motivos obvios) 

En fin, cosas de niños ¿no? 

Por esta semana os dejo ya, que en mi trabajo empieza la cuenta atrás y Hacienda no perdona, así que si no me veis por vuestras cocinas no es por falta de ganas ni porque esté de Rebajas, sino porque el mes de enero es de traca para mí laboralmente hablando.

Eso sí, la semana próxima no faltéis que hay un postre muy especial que quiero compartir con todos vosotros ¡y no os olvidéis de contarme qué tal se han portado sus Majestades en vuestras casas!

Manos a la masa y ¡bon appétit!



jueves, 4 de enero de 2018

Roscón de Reyes Corona de bolitas

Enero es un mes que me gusta. No tiene nada que ver que sea el mes de mi cumpleaños ni que empiecen las rebajas de invierno (este año poco caerá porque la temporada ha sido más bien floja o yo estoy poco enamoradiza en lo que a trapitos y zapatos se refiere) sino más bien porque Enero es un mes que trae consigo la promesa de todo un año por llenar de cosas buenas.

Estos días invitan al balance del año que se fue y a marcarnos metas para el año que estrenamos. A mí me gusta marcarme pautas que sé que puedo conseguir y no los topicazos que la mayoría se marca (y de los que ya empiezan a hablar hasta en el teladiario) y de los que se han olvidado antes de arrancar la primera hoja del calendario.

No obstante tengo la sensación de que a medida que pasan los días vamos perdiendo la ilusión y acabamos abandonándonos un poco a la rutina y la comodidad y dejamos de lado esas propuestas que tan maravillosas y realistas nos parecen cuando empieza el año.

A veces tengo la sensación de que los años son como los cuadernos escolares. Cuando comenzabas uno te esmerabas en hacer una letra bonita y limpia, en evitar los tachones y por todos los medios que se doblase una sola esquina y si era de las cubiertas te creías morir... Sin embargo a medida que continuabas escribiendo surgían las primeras tachaduras, llegaba algún bolígrafo que soltaba pegotitos de tinta o bien algún día escribías con prisas o con desgana y a partir de ahí ese cuaderno que ibas a conservar tan primoroso empezaba a decaer hasta el punto de que estabas deseando terminarlo para comenzar uno nuevo que mantendrías primoroso de principio a fin.

Con los años nos pasa lo mismo. Los comenzamos con muchas ganas, con muchos proyectos en mente y metas por alcanzar y a medida que los días del calendario corren ese fuelle del estreno se va perdiendo y nos vemos deseando que acabe el año a ver si de una vez por todas nos tomamos algo nuevo con más interés.

A ver si este 2018 es el año en el que no caemos en la rutina y logramos llevar uno de nuestros proyectos hasta el final (o al menos hasta verano)

Para no perder las buenas costumbres año más inicio el mes de Enero en el blog compartiendo la receta del Roscón de Reyes y espero poder continuar mucho tiempo más con esta tradición.

 Si hay dos días que me gustan especialmente de las Navidades (y creo que esto ya os lo he contado en anteriores ocasiones) son el día del sorteo de la Lotería de Navidad y la tarde-noche de la víspera de Reyes cuando todos los pueblos y ciudades del país son visitados por sus Majestades y la ilusión y la alegría brilla en la cara de los más pequeños a la par que el sudor perla la frente de los mayores más rezagados que han dejado para última hora la compra de los regalos.

Sé que hay mucha gente que vive el día de los Reyes como el último empujón de las fiestas, como un día que hay que pasar y que pone final a las fiestas navideñas que a algunos tanto se les atragantan. Curiosamente suelen ser los mismos que están deseando que lleguen las fiestas ¡nunca jamás se deseó tanto la llegada como la finalización de una celebración! Sinceramente es algo que no puedo entender.

Somos libres de celebrar estos días como más nos apetezca. Está más que claro que para comer bien no hay que gastarse un dineral y somos mayorcitos para elegir la forma en la que queremos vivir o dejar de vivir la Navidad.

A mí me gusta mucho el día 5 y no entiendo las prisas que tiene nadie por hacerlo pasar. Son 24 horas que pasan igual de rápido que las 24 horas de un día cualquiera de un mes cualquiera así que aprovechémoslas y sigamos disfrutando como cuando éramos enanos.

Y todos sabemos que no hay Día de Reyes sin su tradicional roscón aunque en los últimos tiempos vamos innovando y tradicionales, lo que se dicen tradicionales, no todos lo son. Pero eso no quita que no estén buenísimos o que estéticamente entren los los ojos.

Recuerdo el miedo que le tenía al Roscón cuando horneé el primero y lo satisfecha que me sentí cuando salió del horno ¡y parecía un Roscón! Sinceramente no sé qué pensaba que iba a salir de ahí para justificar tremenda alegría al terminar de hornearlo.

Desde entonces lo preparo en casa y lo comparto en el blog para que todos los que se pasen por mi cocina disfruten conmigo de una estupenda merienda la Víspera o un majestuoso desayuno el Día de Reyes. Porque todos tenemos claro que el roscón tiene que estar en casa sí o sí estos días pero en algunos lugares es tradición tomarlo la tarde del día cinco después de la Cabalgata y en otros comerlo la mañana del día 6 después de abrir los regalos.

Este año he optado por un roscón de masa tradicional pero con un aspecto más moderno al hacerlo con bolitas de masa que se enganchan entre sí durante el último levado y el horneado. Hace años estos roscones llenaron la blogosfera y se hicieron un hueco en mi lista de pendientes.

Confieso que le tenía miedo porque creía que no iban a levarme bien las bolitas, que no se iban a enganchar o que al levar o durante el horneado unas se superpondrían a otras quedando un roscón de aspecto cuanto menos poco apetecible.

Leí (casi) todas las recetas que encontré por la red, me empapé de consejos para que el roscón saliera perfecto y me decidí por esta receta de Sara del blog La receta de la Felicidad que parecía uno de los mejores roscones del mundo.

La decoración la tenía clara, me apetecía un roscón bicolor, y el relleno esta vez iba a brillar por su ausencia ya que la masa parecía tan esponjosa que nadie iba a echar en falta un relleno que la hiciera más jugosa...

Esa es la teoría, porque la realidad fue otra muy distinta. A su favor esta masa tiene que leva muy rápido. La hice a última hora de la tarde para dejarla levando toda la noche y mi sorpresa es que cuando me iba a acostar ya estaba que se iba a desbordar del bol así que la guardé en la nevera por miedo (a no se qué en realidad) y la saqué a la mañana siguiente.

No le gustó mucho pasar la noche en frío porque le costó bastante el segundo levado.

Cuando salió del horno la pinta era estupenda y el roscón era blandito. No tanto como parecía por las fotos del blog en cuestión pero sí que era blandito. Sin embargo aquí llegó el siguiente inconveniente: se había pegado a la chimenea del molde que usé y no quería salir.

Para no romperlo opté por decorar con el chocolate y aquí creo que llegó mi error garrafal porque cuando lo pude desmoldar (que no se rompió como era mi miedo) la masa se había enfriado dentro del molde y es posible que eso contribuyera a que ya no fuera tan blandito como cabría esperar.

Al día siguiente ya empezó a endurecerse más y aunque nos duró cuatro días no se puso duro pero sí que es uno de los roscones que más secos se han quedado.

Ya os digo que de primeras prefiero no echarle la culpa a la receta y quiero pensar que no sacarlo del molde en cuanto salió del horno fue el detonante para que la masa no quedase blandita y tierna durante más tiempo. El sabor es bastante bueno y con un poquito de relleno (en nuestro caso fue crema de cacao y mermelada porque no había preparado ninguna) se solventó bastante bien el tema de la falta de esponjosidad.

No quería venderos el roscón como el más tierno del mundo porque al menos en mi caso no ha sido así aunque tiene cosas buenas como una masa madre sencilla de preparar y un levado más que rápido así como un buen comportamiento en el horno y un sabor muy rico.

Si lo vuestro es preparar el Roscón y que no quede nada os aseguro que esta es vuestra receta. Confieso que tengo la espinita clavada y que quiero repetirlo en un futuro para ver si es cosa de la receta o es el cúmulo de infortunios que rodearon la preparación de este Roscón.

Mientras tanto disfrutaremos de este que queda bien bonito y cruzaremos los dedos para que los Reyes nos dejen muchos regalos mañana por la noche. No os olvidéis de coger vuestro trocito y disfrutar de una merienda o un desayuno de reyes ¡y nunca mejor dicho!











Ingredientes:

Para la masa madre:

* 70 gramos de leche semidesnatada (o la que uséis en casa)
* 130 gramos de harina de fuerza
* 5 gramos de azúcar blanca (una cucharadita más o menos)
* 1 sobre de levadura seca de panadería (7 gramos)

Para la masa:

* 60 gramos de leche semidesnatada
* 30 gramos de agua de azahar
* 70 gramos de mantequilla
* 2 huevos 
* 450 gramos de harina de fuerza
* 1 pellizco de sal
* 1 sobre de levadura seca de panadería (7 gramos)

Para decorar:

* 1 cucharada de leche para pintar la superficie
* 100 gramos de chocolate negro de cobertura
* Azúcar perlado

Elaboración:

1. Para preparar la masa madre ponemos en un bol los ingredientes, mezclamos y hacemos una bola. Es una textura similar a la de la plastilina así que es la mar de sencilla hacerlo a mano. Podemos ayudarnos de un tenedor para no mancharnos al principio, pero se maneja muy bien con las manos después.

2. Llenamos un bol con agua templada y ponemos la bola en el fondo. Toca esperar hasta que la bola flote. También se hinchará ligeramente. Ya tendremos lista nuestra masa madre para ser usada. En cuanto a qué entendemos por agua templada es agua que al meter la mano no sentimos ni frío ni calor. Yo puse agua del grifo y dejé que se pusiera a temperatura ambiente. 

En cuanto al tiempo que tarda la bola en flotar depende de la temperatura que tenemos en casa. La mía tardó entre 40 minutos y una hora, es cuestión de ir echándole el ojo de vez en cuando.

3. Una vez ha flotado la bola de masa madre pasamos a preparar la masa del roscón. Yo lo hago con ayuda de mi panificadora. Para ello ponemos en la cubeta los ingredientes de la masa en el orden en el que aparecen escritos. La mantequilla la pongo derretida y los huevos batidos como para hacer tortilla. 

También añado la bola de masa madre hecha trocitos.

Pongo dos veces el programa de amasado de quince minutos que tiene mi panificadora.

También se puede amasar a mano o en otro robot de cocina que tengáis

4. Pintamos un bol amplio con un poquito de aceite de oliva y ponemos la masa hecha una bola. La giramos para que quede bien impregnada de aceite. Tapamos con film transparente y dejamos reposar en un lugar calentito para que leve y duplique su volumen.

5. Una vez levada la masa espolvoreamos con un poquito de harina la superficie de trabajo y amasamos ligeramente. 

6. Dividimos la masa en porciones de igual tamaño. Yo la he dividido en 8 bolas de 115-120 gramos cada una.

7. Para que quedara una corona perfecta y por miedo a que se movieran las bolitas al levar y/o al hornearse me he ayudado de un molde con chimenea que he untado bien de mantequilla y además he puesto papel de hornear en la base y los laterales para facilitar el desmoldado. Mi consejo es que también pongáis papel en la chimenea, especialmente en la base para evitar malos tragos al desmoldar.

También se puede hacer en un molde redondo normal poniendo en el centro un aro de emplatar, una lata forrada con papel de aluminio o de hornear o cualquier otra cosa apta para llevar al horno y que tengáis en casa.

8. Colocamos las bolitas en nuestro molde, con un poquito de separación y dejamos levar.

9. Cuando hayan doblado su tamaño pintamos con leche y llevamos al horno precalentado a 180º C

Si queréis adornar el roscón antes de hornearlo es ahora el momento. Yo le puse azúcar perlado a cuatro bolas alternas y el resto las dejé sin nada porque las iba a bañar en chocolate. 

Podéis poner azúcar perlado, crocanti de almendra, fruta escarchada, almendra en láminas ¡lo que os guste!

10. Horneamos durante unos 20 minutos.

11. Dejamos templar unos minutos y desmoldamos.

12. Ponemos sobre una rejilla y dejamos enfriar. Mientras podemos decorar el resto de las bolas con chocolate derretido y espolvoreamos con perlas de azúcar.

Anotaciones:

1. Por lo general preparo las masas para dejarlas levar toda la noche, especialmente en invierno, porque así no tengo que estar pendiente. Esta masa levó muy rápido así que la metí en el frigorífico por la noche y la saqué y dejé templar una hora antes de desgasificar y hacer las bolitas. Creo que no le gustó demasiado pernoctar en el frigorífico porque después le costó mucho levar.

2. Sacar el roscón del molde (si lo usáis) y dejar enfriar sobre una rejilla. La masa os lo agradecerá bastante en cuanto a esponjosidad. Yo le puse el chocolate antes de desmoldar y tuve que dejarlo enfriar en el molde y creo que contribuyó bastante a que aguantase poco tiempo blandita la masa. 

3. Sobre todo dejar levar la masa. Cuanto más leve más esponjoso será el roscón.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/roscon-de-reyes-corona-de-bolitas

Creo que si no cometéis los mismos fallos que cometí yo os quedará un Roscón muy tierno durante más días y podréis disfrutar de una deliciosa merienda o desayuno en familia.

Si lo preferís le podéis dar forma de roscón tradicional que también os quedará estupendo y os daréis menos trabajo, aunque las bolitas quedan tan monas y son tan prácticas a la hora de cortar porciones que bien merece la pena ese pequeño esfuerzo.

Por supuesto podéis rellenarlo, es más ¡os lo recomiendo! porque le aportará jugosidad y hará que sea un Roscón de diez.

Los que me seguís por redes sociales ya sabréis que la semana pasada estuve en cama desde el jueves con una gripe. Fue a raíz de que me la diagnosticaran a mí que entendimos que lo que aquejaba a Lara desde el 21 de diciembre lo era también. 

La semana pasada se quedó en casa cada día y cuando hemos vuelto esta semana a la guardería nos hemos enterado de que por allí ha asolado la gripe a casi todos los niños y casi todas las seños... No me consuela pero al menos entiendes la raíz del problema.

Ahora toca cruzar los dedos para que la próxima, que llegará y seguro que pronto con el frío que hace, sea llevadera y no nos golpee especialmente fuerte.

Para los que sigáis despistados os cuento que el día 19 de diciembre le quitaron la escayola a mi madre y aunque no le han dado sesiones de rehabilitación por la Seguridad Social porque lo han considerado innecesario nos hemos buscado un fisioterapeuta muy apañado con el que está muy contenta y progresa muchísimo. Si todo sigue bien la semana que viene retomaré mi vida con sus rutinas y horarios de siempre ¡ya os contaré! 

Me despido deseando que los Reyes os traigan muchísimas cosas buenas (más que cosas materiales de esas que importan de verdad) y espero que 2018 sea benevolente con nosotros ¡hasta la semana próxima!

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 28 de diciembre de 2017

Crema de caramelo con profiteroles

Una vez más me enfrento a la última entrada del año y me paro durante unos minutos a valorar cómo ha sido, en este caso, 2017 y hacer un pequeño balance.

A grandes rasgos 2017 ha sido un buen año a nivel personal. Bien es cierto que los últimos dos meses la vida ha decidido darme una pequeña vuelta de tuerca pero siempre podría haber sido peor y prefiero no quejarme demasiado porque la luz empieza a verse al final del túnel. 

Además estas pequeñas pruebas de la vida sirven para probar la pasta de la que estamos hechos y demostrar que nos podemos crecer en las adversidades. También sirven para demostrar con quién podemos o no contar y aunque he de decir que no me he llevado ninguna sorpresa al respecto sí que agradezco que la cara oculta de más de uno haya quedado al descubierto en estas semanas.

A nivel del blog no puedo estar más feliz. Es impresionante la cantidad de personas que he conocido y seguido conociendo y estoy encantada de que las relaciones se estrechen llegando incluso a traspasar la pantalla. Aún sigue pareciéndome increíble que después de tanto tiempo sigáis por ahí, regreséis a mi cocina y os fiéis de mis recetas. 

Es una de las cosas buenas de la globalización y sinceramente me alegro muchísimo de haberme embarcado en este proyecto por todo lo que me ha supuesto a nivel personal y todo lo que llevo aprendido en estos tres años que ya tiene el blog.

Estoy muy contenta por haberme retado a realizar algunas recetas a las que tenía tanto miedo y espero seguir enfrentándome a mis barreras psicológicas y preparando esos postres a los que les tengo especial respeto.

También estoy satisfecha con el pequeño pasito que he dado con mis fotografías y sigo aprendiendo cada día de vosotros porque me queda un largo camino por delante.

Y por supuesto estoy muy orgullosa de mi propósito de vaciar los armarios y dejar de atesorar qeu comparto, sin haberlo premeditado, con mi amiga Olga. Ya os decía que iba a necesitar mucho tiempo para dar salida a todo y así está siendo. En 2018 continúo con esta idea y me consta que Olga me sigue acompañando porque a veces no podemos resistirnos y volvemos a cargarnos con cositas que nos llaman a gritos.


Para despedir el año con todos vosotros y daros las gracias por seguir acompañándome en esta aventura reposteril hoy traigo una crema de caramelo ¡que está para ponerle un piso! 

Lo sé. Hace muchas recetas que vengo diciendo lo mismo, pero ¡es que las últimas recetas están para ponerles un piso de ricas que están! 


Esta crema surgió del idilio que tuve el año pasado con el caramelo. Conste que lo sigo teniendo pero hubo una época en la que preparé un montón de recetas con él aunque en el blog lo disimulé intercalándolas con otras.

Fue la receta que preparé en 2016 para despedir el año y me ha parecido interesante y oportuno publicarla para cerrar también el 2017

Reconozco que soy una persona maniática y con ciertas supersticiones y tenía ganas de hacer algo para cerrar simbólicamente 2017 así que he pensado que si comenzó tras degustar esta crema en familia, ahora debe acabar tras degustarla virtualmente con mi familia bloguera. 


La idea de este postre vino a raíz de una tarta cuyo resultado no fue el esperado (más bien fue un desastre) y que sigue en pendientes para repetir y que aguante el tipo (tras ciertos ajustes de ingredientes). La espinita seguía clavada y en nochevieja decidí preparar algo similar pero servido en vasitos para no jugármela a última hora.

Además saqué unos profiteroles que tenía congelados y que empezaban a estorbar bastante en el congelador (iniciando mi propósito de terminar cosas) para darle más vistosidad porque la crema quedó del color de la galleta de la base y a simple vista cuesta bastante distinguirlas así que necesitaba algo que llamara la atención.


Vosotros, que sois todos muy apañados, podéis preparar los profiteroles en casa si no queréis comprarlos congelados. Yo últimamente voy a lo sencillo y rápido que con la niña... ¡ya se sabe! 

La combinación de sabores me encantó porque la crema tiene un toque a caramelo que me vuelve loca y la textura es muy agradable. Combina genial con la base de galleta y el profiterol es un interesante comienzo para el postre (o final porque alguno lo iba dejando de lado para zampárselo lo último)

Lo bueno es que es un postre que puedes ¡y debes!  preparar con algunas horas de antelación para que la crema se asiente bien y adquiera la textura adecuada.

Se tarda muy poco en tenerla lista y el montaje es rápido y sin complicaciones. Después te olvidas hasta la hora de servir el postre.

Además no es para nada empalagoso ni pesado y aunque estés lleno y quieras sólo probar un poquito estos vasitos te invitan a meter la cuchara una vez más ¡y te los acabas sin haberte dado cuenta siquiera!

A estas alturas supongo que todos habréis pensado el postre para Nochevieja, pero si algún despistado queda ¡aquí tiene una buena idea! y si no es para nochevieja ya os digo yo que cualquier día es bueno para disfrutar de estos vasitos ¡no os vais a arrepentir! 

Hoy no quiero extenderme mucho (y mira qué parrafada llevo) así que sólo os doy las gracias por seguir acompañándome y deseo que 2018 traiga todo lo bueno que os merecéis ¡sed felices y nos leemos el año próximo! ¡No os vayais sin vuestro vasito de crema! ¡hay uno para cada uno!


Ingredientes:

* 1 rulo de galletas maría
* 100 gramos de mantequilla
* 200 ml de nata para montar
* 300 ml de leche (semidesnatada para compensar)
* 150 gr de caramelo líquido
* 2 hojas de gelatina neutra
* 1 cucharadita de maicena
* Profiteroles (tantos como vasitos vayamos a rellenar)
* Azúcar glass para espolvorear

Elaboración:

1. Empezamos preparando la base de galleta. Para ello trituramos las galletas y les añadimos la mantequilla derretida. Mezclamos bien y vertemos en el fondo de los vasitos que vayamos a utilizar. Para compactar la base nos irá muy bien usar un vaso de chupito.

2. Ponemos a hidratar la gelatina en agua fría.

3. En una cacelora ponemos la nata, la leche y el caramelo y ponemos a fuego medio. Removemos con frecuencia para evitar que se pegue.

4. Cuando esté a punto de romper a hervir añadimos la cucharadita de maicena y las hojas de gelatina escurridas y movemos bien para que se disuelvan. Mantenemos al fuego hasta que esté de nuevo a punto de romper a hervir.

5. Vertemos en los vasitos y ponemos un profiterol en cada uno. Aunque la mezcla esté líquida no se hunden.

6. Dejamos enfriar y a continuación tapamos nuestros vasitos y los metemos en el frigorífico.

7. Para servir podemos espolvorear con azúcar glass.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/crema-de-caramelo-con-profiteroles

Fácil ¿verdad? Y no sabéis lo rica que está ¡no os la podéis perder! Si no tenéis profiteroles en casa podéis poner virutas de chocolate, un bombón, trocitos de galleta, un barquillo... ¡dejad volar vuestra imaginación!


Hoy también tenemos crónicas de Lara que está malita desde el día del sorteo de la Lotería de Navidad... Con los peques ya se sabe, cuando no es una cosa es otra, y esta vez vuelve a tocar garganta y mocos. Ha estado unos días con fiebre, ahora ya ha remitido, pero tiene mucha tos. La pobre no quiere casi comer, sólo tomar biberón y cuando le dan los ataques de tos acaba vomitando todo lo que tiene dentro...

Como regalo me ha pegado su resfriado, no podía ser menos después de llevar durmiendo con ella casi una semana, pero las mamis no podemos permitirnos el lujo de estar enfermas así que tengo que seguir al pie del cañón por y para ella. 

Para terminar os mando mis mejores deseos para el 2018. Espero que sea un año cargado de cosas buenas y que traiga estupendos momentos que compartir y mejores recetas que publicar y disfrutar entre amigos como hasta ahora.

Sed felices y nos leemos de nuevo para ultimar la carta a los Reyes Magos.

Manos a la masa y ¡bon appétit!

jueves, 21 de diciembre de 2017

Pudin navideño de pan

Mañana comienza para mi la Navidad y os aseguro que tengo ciertas mariposas ya revoloteando en el estómago.

Es iluso pensar que mañana la vida va a cambiarme porque uno de los niños de San Ildefonso tenga a bien sacar la bolita con el número que tenemos en casa pero me gusta conservar esa ilusión (porque tocar toca e igual algún día nos sonríe la fortuna) y escuchar el sorteo en la radio. 

Es increíble la cantidad de recuerdos que el soniquete del sorteo es capaz de despertar en mi y todos son agradables. Por lo general el día del sorteo era antes el primer día de las vacaciones de Navidad ¿acaso había algo más maravilloso cuando éramos pequeños? y me como me levantaba tarde (al menos más tarde que de costumbre)  me recibía el sonido de las bolas y los niños de San Ildefonso cantando los números y los premios. 

También me recuerda a mi abuelo Laureano, que se marchó cuando yo tenía sólo once años, y que cada Navidad seguía el sorteo con mucho interés, sobre todo en la radio, aunque a veces ni siquiera tenía un décimo ¡a él le bastaba con escucharlo aún a sabiendas de que no podía tocarle nada! 

Y siempre me emociona ver a los agraciados ese día en las noticias, repletos de felicidad, y alguna de las historias lacrimógenas de alguno de los agraciados que los reporteros rápidamente encuentran y más rápidamente exprimen.

Estoy casi segura de que mañana no será mi cara la que llene las televisiones de todo el país ni cope portadas en ningún periódico, pero aún así me hace ilusión pensar que tengo una pequeña posibilidad de ser la agraciada.

De lo que no cabe duda es de que el sorteo de Navidad nos recuerda que en dos días tenemos la cena de Nochebuena y quizá los más rezagados o los más indecisos aún están buscando alguna idea para llevar a su mesa.

Lo que está claro es que los blogs y programas de cocina llevan semanas sacando sus mejores propuestas para estos días y quizá un último vistazo a ellos logre disipar esa indecisión de última hora. 

Para no ser menos traigo hoy una propuesta muy navideña por un lado pero por el otro radicalmente opuesta a lo que esperamos encontrar estos días en cualquier mesa.

Estoy cansada de escuchar que la Navidad supone un gasto astronómico para las familias y que la cesta de la compra para estas fechas alcanza cantidades de al menos tres cifras por hogar... A mí a veces me cuesta asimilar este tipo de noticias porque hago cuentas (me viene de formación profesional) y sinceramente no sé quién asume la parte del gasto que correspondería a mi hogar o a los hogares que yo conozco.

Para comer bien no es necesario llenar un carro y dejarse 500 euros en el mercado. Es más, estoy casi segura de que aquellos que hacen eso acaban tirando a la basura al menos el 50% de lo que han comprado porque compran probablemente sin criterio y al final las cosas se quedan atrás hasta que se ponen malas y hay que tirarlas.

Para comer bien hay que tener voluntad de elegir, planificar y meterse en la cocina ¡nada más! Si nos damos una vuelta por los blogs que visitamos habitualmente encontraremos miles de recetas espectaculares y que no requieren tener que pedir un micro crédito para disfrutar de unas estupendas navidades. 

También estoy cansada de escuchar que en Navidad se tiran no sé cuantas toneladas de comida a la basura ¡¿qué nos pasa?! En casa hemos estado comiendo "restos"  de nochebuena hasta Nochevieja y los "restos" de Nochevieja hasta Reyes ¡y tan contentos! Es más yo encantada porque así me ahorro cocinar unos días y eso siempre se agradece ¿o no? Así que no me cabe en la cabeza que nadie se pueda permitir el (dudoso) lujo de comprar comida para después tirarla.

Para demostrar que todo se puede aprovechar y cocinar un plato que nada tiene que envidiar a ningún otro y que para comer de lujo no es necesario gastar mucho dinero he decidido compartir con vosotros, a las puertas de Navidad, un pudin navideño elaborado a base de restos de pan.
Sin duda no es la típica receta que vemos publicada estos días pero os aseguro que bien merece un hueco en vuestras casas esta Navidad porque pocas veces con tan poco se consigue tanto.

Este pudin lo tiene todo: es sencillo de preparar, aprovechamos restos de pan que tenemos dando vueltas por casa (que aún son mayores después de las reuniones familiares), lo tenemos listo para hornear en 15 minutos (y en menos) y una vez en el horno nos olvidamos de él. 

Y lo mejor de todo no es lo que os he dicho hasta ahora sino el delicioso olor que inunda la casa cuando empieza a hornearse y lo sumamente rico que está.

Pocas veces con tan pocos y tan humildes ingredientes se consigue una receta tan rica y con un marcado aroma y sabor a Navidad. No a las Navidades de ahora sino a las Navidades de nuestra infancia donde todo era más sencillo y nos conformábamos con menos cosas.

Este pudin es un homenaje a las abuelas, madres, tías y hermanas mayores que tantos años se desvivieron en la cocina para que disfrutásemos de una buena cena o comida en familia. A ellas que con ingredientes humildes vestían una mesa de fiesta y todo el mundo quedaba feliz y satisfecho. 

A esas reuniones donde cabía mucha gente en un piso minúsculo y no nos importaba estar apelotonados en una mesa ya que estábamos en familia y era lo que importaba.

A esas Navidades que recordamos por los olores y sabores junto con las risas y juegos compartidos y no por los regalos recibidos que han sentado las bases de lo que somos hoy día y queremos legar a nuestros hijos.

Mi receta de hoy sabe a canela y miel, a fruta escarchada, a agua de azahar y a chocolate. Esos son los olores y los sabores de las navidades de mi infancia y con ellos os quiero invitar a que paséis un ratito en mi cocina virtual a pesar de las prisas que estos días apuran a todo el mundo.

Quiero disfrutar de unos momentos de charla con todos y cada uno de los que habitualmente pasáis por aquí mientras desayunamos o merendamos (todo depende de la hora a la que lleguéis ya que las puertas de mi cocina están siempre abiertas para vosotros) para agradeceros todo el cariño recibido este año y desde que inicié esta aventura.

Mi cocina sin vosotros no sería lo mismo. Me gusta tener un blog humano y cercano en el que compartir y con el que aprender de todos los que me acompañáis cada semana. Me encanta que las relaciones traspasen pantallas y formar parte de esta pequeña-gran familia. 

Gracias a todos por seguir aquí cada semana y de corazón os deseo que tengáis una bonita Navidad ¡a vuestro estilo! que estos días son para vivirlos como nos venga en gana y no como nadie nos quiera imponer.

¡Ah! y por supuesto no os vayáis sin probar vuestro trozo de pudin que os tengo reservado uno a cada uno de vosotros ¡que esta receta es para compartir y repetir muchas veces en buena compañía!

Con esta entrada participo en el Reto de "Christmas Time" de la comunidad Cocineros del Mundo en Google + #RetoChristmasTimeSpecialCdM2017 y llego justa, justa de fecha.

 

Ingredientes:

* Unas dos barras de pan duro
* 1 litro y medio de leche de soja
* 100 gramos de miel
* 4 huevos
* 50 ml de agua de azahar
* 3 cucharaditas de canela en polvo
* 100 gramos de fruta escarchada variada en trocitos
* 120 gramos de arándanos desecados
* 75 gramos de pasas sultanas
* 75 gramos de ciruelas pasas
* 85 gramos de perlas de chocolate.
* Dos cucharaditas de azúcar de naranja y ron para espolvorear (opcional)  que puedes sustituir por azúcar moreno, azúcar de vainilla o suprimirla.

Elaboración:

1. Comenzamos partiendo el pan en trocitos. La cantidad es indicativa, dependerá del tamaño de tu fuente y del pan que tengas sobrado. Mi fuente es grande, unos 30 centímetros  mide el hueco interior para que te hagas una idea. 

2. En un bol ponemos la fruta escarchada (yo compro unos paquetes ya cortaditos de 100 gramos en LIDL pero puedes utilizar la que tengas en casa o la que más os guste), las pasas, los arándanos y el chocolate y además troceamos las ciruelas y las añadimos también.

3. Agitamos y mezclamos bien todos los trocitos y reservamos.

4. Ponemos a calentar un vaso grande de leche en el microondas y en una jarra grande ponemos la miel. Añadimos la leche caliente, esperamos un par de minutos y removemos. Así conseguimos que la miel se integre perfectamente.

5. Añadimos los huevos de uno en uno y vamos batiendo en cada adicción hasta integrar. 

6. Incorporamos la canela en polvo, el agua de azahar y el resto de la leche. Mezclamos bien.

7. En la fuente en la que vayamos a hornear ponemos una tanda de pan y cubrimos con la mezcla de fruta desecada y chocolate. Cubrimos con pan, repartimos más fruta y así hasta terminar con el pan y la fruta.

8. Con cuidado vamos vertiendo la leche sobre el pan procurando mojar bien toda la superficie. Dejamos reposar una media hora para que el pan se empape bien.

9. Espolvoreamos con azúcar de naranja y ron e introducimos en el horno precalentado a 190ºC y horneamos hasta que el pudin esté cuajado. Cuando lleve una media hora deberemos taparlo con papel de aluminio para evitar que la superficie se queme.

El tiempo de horneado dependerá del tamaño y la profundidad de la fuente. Para saber si está hecho, además de pinchando con la brocheta de madera en el centro podemos abrir el horno y mover la fuente ¡con las manoplas puestas! Cuando el centro tiemble sólo ligeramente ya estará listo.

10. Dejamos con la puerta del horno entreabierta hasta que se enfríe o bien dejamos enfriar sobre una rejilla.

https://sites.google.com/site/dulcessecretosdecuca/pudin-navideno-de-pan

Lo ideal es servir el pudin recién hecho o cuando haya pasado una media hora para que esté menos caliente. ¿Cuál es el problema? que si lo servimos al poco rato de salir del horno el corte no tiene nada de bonito porque se desparrama  (os lo digo yo que probé para las fotos y daba miedo ver lo que llegaba al plato)

Si bien es cierto lo que dice mi marido que aunque no sea una presentación de diez lo rico que está lo compensa.

Cuando el pudin se ha enfriado sí que se deja cortar y servir con dignidad y con un golpe de calor en el microondas será más que suficiente para disfrutar de un maravilloso desayuno o merienda. Prepararlo con antelación tiene dos cosas a su favor: la primera es que tiene un corte bonito y la segunda es que sigue estando igual de rico que recién hecho porque además le ha dado tiempo a asentarse y os aseguro que no le viene nada mal pasar un diíta en la nevera.

Dicho todo en vuestra mano queda prepararlo cuando mejor os venga en función de vuestro tiempo y de la disponibilidad de vuestro horno ¡que esa es otra a tener en cuenta en estas fechas!

Si alguien al mirar la fotos se ha parado en la mancha del centro y se ha preguntado qué es os confirmo que es lo que parece ¡es chocolate! En esas fortunas deliciosas y delirantes que tiene la vida en el centro del pudin quedaron varias gotitas de chocolate que al hornear se fundieron y al sacar el pudin del horno burbujeaba ese corazón de chocolate e invitaba a meter la cuchara directamente en el centro ¡si lo hubiera premeditado no me habría salido!






La pequeña Lara está un poco mejor de sus dolencias, pero con su edad, el frío que hace y estando en la guardería es cuestión de días que caiga con otra cosa. El martes celebraron su fiesta de navidad y llegó Papá Nöel cargadito de regalos para todos los niños ¡se lo pasó en grande!

Me despido de vosotros una semana más y aprovecho para enviaros mis mejores deseos para estas fiestas. Es un placer para mí seguir contando con vuestra compañía después de tanto tiempo y tantas cosas buenas y malas y espero seguir haciéndolo durante muchos años más. ¡Sed felices y si mañana os sonríe la fortuna Lara y yo estaremos encantados de ayudar a gastar!

Manos a la masa y bon appétit